Met, hacia Igualada…

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“Me mato porque me niego a ser una fotocopiadora.”

Me hizo mucha ilusión cuando Pep Elias me invitó a la VIII Jornada de Llengua i Migració. Me propuso que preparara una ponencia, pero me lo vio en la cara. Me tranquilizó sugiriendo que le gustaría que el planteamiento fuera más bien práctico. Me lo pensé y le presenté creo que dos opciones. Las consultó con su compañera, Anahí de Febrer. Enseguida, me respondió que sacara adelante el taller de desempoderamiento educativo. Decidme osado e inconsciente porque zapatero, a tus zapatos. En julio todavía me duraba la euforia de haberlo experimentado con un grupo.

Quería ser aplicado y prepararme la ponencia con tiempo, pero el subconsciente es muy sabio. Me tendió una trampa. Evidentemente, caí de cuatro patas. Por un lado, el material que divulga Javier Encina en su blog. Es como si entraras en la cueva de Alí Babá. Lees una entrada, pero te lleva hacia otra. Te descubre un autor que ignorabas. Te lo cita y ya estás perdido: tienes ganas de leer alguno de sus libros. Ahora bien, si te asomas por la biblioteca virtual ya puedes avisar de que no te esperen a comer o cenar durante días. En septiembre difundía con Ainhoa Ezeiza tres recopilatorios muy interesantes: Desempoderamiento, Juego y Oralidad del que destacaría los artículos de Hans Magnus Enzensberger (del cual Alfons Formáriz se refirió en la ponencia inaugural) y de Ivan Illich que reflexiona sobre el concepto de la cultura lega; De los modelos participativos en la construcción colectiva, recomiendo el último artículo, de lectura obligatoria para los que nos dedicamos a la normalización lingüística; Convivencialidad, tecnología y desempoderamiento, hay que leer su tercer artículo, precisamente de los dos coordinadores en el que señalan el riesgo de que la tecnología refuerce el discurso dominante de la escuela. Para postre, aproveché para releer el libro de Ivan Illich, Desescolarizar la sociedad y descubrir que la copia que me había descargado no coincide con la versión impresa. Y para acabar de rematar, un artículo de César Rendueles me produjo bastantes dudas a la hora de enfocar la ponencia.

 

Dos semanas antes hilvané la sesión. Y eso que hacía tiempo que me venían ideas para desarrollar. Me hubiera gustado darle la vuelta al espacio y convertirlo en rincones de juegos. Por ejemplo, quería crear un juego del Twister con las caras de diferentes pensadores. Iría cantando citas y los jugadores deberían tocar la cara del autor. La capital de la Anoia era el marco ideal para que evidenciásemos qué elementos hemos incorporado en nuestra tarea de la educación industrializada. Además, no podía ignorarse la tradición textil, cuando Ivan Illich recuerda la etimología de texto.Ahora bien, fue un apunte de María Acaso que me ayudó a idear una performance y disolver el atasco que tenía en la cabeza. el taller. Repasé el programa y vi la luz al final del túnel. Seguro que Alfonso nos expondría un marco teórico. Y así fue, a pesar suyo. Por lo tanto, tenía que centrarme en las propuestas. Los tenía que invitar a vivir experiencias de aprendizaje, jugando, para notar la ausencia de la democracia en un aula. Deberíamos superar cuatro retos. Cada desafío superado revelaría una cita de algún pensador.

 

Aproveché la ocasión del agradecimiento para expresar que la invitación era un regalo por los veinte y cinco años en la empresa. Antes de presentar el primer enigma relaté un par de anécdotas. La primera, después de haber asistido a una conferencia de María Acaso en Lleida, volvía obnubilado y manteniendo una conversación imaginaria con ella, cuando de repente me encontré dando vueltas por una rotonda de Igualada. Premonición. La segunda fue un recuerdo infantil, pero es con lo que todo el mundo se quedó. Mi primer cubata a los ocho años: un vaso de Coca-Cola con un chorrito de vermut … Un duelo épico ilustraría mi evolución profesional. He aquí que presenté el primer enigma para reflexionar sobre el tercio de alumnos que no alcanzan un certificado. Así, tal como manda el sistema, pedí que un tercio de los asistentes salieran de la sala. Impactante, ¿verdad? Así es como deben sentir algunos alumnos. ¿Cómo es que en un proceso formativo se debe discriminar un sector? Es la primera muestra que democracia y educación no van de la mano.

 

Para distender el ambiente y con la excusa de que hablaríamos de desempoderamiento, debían desprenderse de algún objeto suyo y darlo a otro participante. En la ponencia anterior, Alfons Formariz nos había animado a perder el miedo. ¡Me lo había servido en bandeja! Vimos un vídeo que sirve para comparar los efectos de la educación formal y no formal. A continuación, formé grupos. Cada uno tenía el fragmento de una fotografía. Tenían que buscar los otros compañeros. Cada grupo tenía una experiencia mía de un curso. Un portavoz de cada grupo explicó en qué consistía. Pedí que votáramos uno para poder continuar con el taller. Debía servir para reflexionar sobre consenso y disenso. ¿Por qué se debe elegir siempre lo que quiere la mayoría? Ya estamos otra vez: alguien debe salir marginado.

Tuve que finalizar el taller justo cuando presentábamos los pilares en que se asienta el ilusionismo social de Javier Encina. Repartí un globo a cada grupo. Lo tuvieron que inflar y pasarlo a otro grupo. Cuando recibían el globo, debían estallarlo entre todos, pero no podían usar las manos. Cada grupo tenía que descubrir el concepto a partir de una adivinanza.

Enigmeselements Desgraciadamente, no nos dio tiempo de reflexionar cómo incorporábamos cada uno de los elementos en el aula. Por cierto, me gané un par de alusiones de las compañeras que siguieron. Como ejemplifiqué que el currículo era lo que impedía una educación pausada, que se practicara el decrecimiento, cada vez que se mencionaba la maldita palabra, las ponentes me miraban y me llamaban. Pensaba que saldría del acto con una banda en el pecho con la inscripción “Mr. Currículum 2015 “.

https://es.slideshare.net/slideshow/embed_code/key/qRVDA9KIswMwkA

 

Parlem de tallerisme from Jaume Sans Vellvehí

Por cierto, esta presentación tiene una banda sonora y un Pinterest..

Me había jurado que no copiaría el chiste de Eugenio: ya hubo bastante con la anécdota infantil. Pero he sido incapaz de pensar en un título más ingenioso. Perdonadme, Pep, Anahí i Núria.

Traducción de Patricia C. Mazzucchelli

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