Prototipando un curso bailable

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Proyecto Mínimo Viable de “16 sessions per aprendre”

Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza cómo llevar a la práctica un curso bailable. Desde que conocí la iniciativa de Matt Harding, pensaba que se podía incorporar de alguna manera en el aula. También había sido testigo del poder de transformación del baile en el aula. Pude vivir la reacción de los alumnos cuando una compañera nos ofreció una sesión de biodanza como agradecimiento por el  curso .

La otra, cuando acordamos preparar una flashmob para una clausura de cursos. Fue un proyecto cooperativo, liderado por una alumna. Fue la encargada de buscar una coreografía. Ella nos proponía los movimientos y los pasos, pero los íbamos adaptando según nuestras posibilidades.

Ahora bien, sólo me faltó leer este apunte de María Acaso! Me entró un mono formativo. Agradecí la invitación por parte de María Paczkowski de la master class de Cesc Gelabert,  en la presentación de los estudios Experto en lenguajes artísticos, expresión y comunidad de la Fundación Pere Tarrés el 9 de junio.   También acudí al II Foro de Artes Aplicadas. No dudé en qué taller apuntarme: el que ofrecía Wilfried van Poppel.

Escuchando Cesc Gelabert, me di cuenta que tenía demasiado tiempo clavados a los alumnos a las sillas. ¿Por qué siempre contaba que tenían que llevar a cabo las actividades sentados?Además, me había sugerido que el motivo de algunas reticencias de los alumnos a ciertos contenidos se debía a la postura inmóvil que los obligamos a mantener. En cuanto al taller de Wilfried van Poppel, viví dos horas inolvidables. No es sólo que te animes participando en la coreografía que te enseña, sino son las breves explicaciones o los pequeños consejos que te va proporcionando. Vas notando una transformación interior, aunque me di cuenta de que tengo problemas de sincronía y de memorizar movimientos.

Por lo tanto, incluir el movimiento en la práctica docente podía favorecer, en primer lugar, para desprendernos del tufo academicista; en segundo lugar, potencia el protagonismo del alumnado y, en tercer lugar, despierta el espíritu creativo que tenemos dentro de nosotros, cohesiona el grupo y emerge la singularidad del alumnado. Así pues, se ajusta a un aprendizaje espontáneo, informal y democrático.

Por consiguiente, me pareció que la danza podía servir para cohesionar los alumnos de dos grupos fusionado. Unos eran alumnos míos del trimestre anterior mientras que la mayoría había seguido con otro profesor. Como justifica Wilfried van Poppel de su proyecto: “Si las personas pueden bailar juntas, pueden vivir juntas”. Por otra parte, la coreografía sería el medio para construir el relatograma del curso. Deberíamos ir ideando los movimientos de cada sesión con lo que consideráramos más importante.

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Pensando sobre la danza teatro, supe del homenaje a Josep M. Benet i Jornet. Podría incorporar la lectura, en este caso, dramática. Ya veremos hacia dónde nos conducirá y qué productos podemos crear. Como el curso se acabará al día siguiente del Día Mundial de la Poesía, me pareció que nos iba como anillo al dedo si añadíamos la lectura del poemario de Sònia Moll Gamboa I Déu en algun lloc.

Para terminar, me gustaría agradecer el apoyo y asesoramiento de María Acaso, Maria Paczkowski, Amaya Luibegt y Wilfried van Poppel, Jordi Puigdefàbregas y Vanessa Aguilar Antunes.

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